Cuento del Athletic
Epopeya
Brotó el Athletic como una semilla en la lluvia de hierro y fuego, en la aurora industrial de Bilbao, donde el txistu resonaba al compás de los martillos en los astilleros. Allí, entre el alma negra del carbón y el murmullo del Nervión, nació un equipo que no es equipo, sino latido; que no es club, sino fe.
En 1898, bajo la luz temblorosa de un Bilbao en gestación, un grupo de jóvenes, ávidos del nuevo arte inglés llamado football, plantaron una bandera que no era solo rojiblanca, sino eterna. Y así se alzó el Athletic Club, no como una estructura de ladrillo y césped, sino como una columna de mármol en la historia vasca.
